“La historia no tiene que estar escrita para nosotros.” El alcalde Steinberg reflexiona sobre el aniversario del bombardeo de la sinagogas de Sacramento

“La historia no tiene que estar escrita para nosotros.” El alcalde Steinberg reflexiona sobre el aniversario del bombardeo de la sinagogas de Sacramento

El alcalde Darrell Steinberg ofrece comentarios sobre el 20 aniversario del bombardeo de sinagogas judías en Sacramento.

El alcalde Darrell Steinberg ofrece comentarios sobre el 20 aniversario del bombardeo de sinagogas judías en Sacramento.

Hace exactamente 20 años, dentro de unas pocas horas, lo indecible destrozo la paz de una noche de verano de Sacramento. Hace veinte años, mañana por la mañana, nos despertamos tanto al horror como a una elección.  

Los asesinatos de una pareja gay amorosa Winfield Mowder y Gary Matson, junto con los incendios de nuestras sinagogas y Planned Parenthood, hicieron más que terminar la vida de dos personas maravillosas y crear daños físicos masivos a nuestros lugares de culto y centros de comunidad.  

Los eventos inolvidables de junio de 1999 también llevaron la posibilidad de una ciudad muy comprometida y de capital publico eligiendo un camino diferente.  

Recuerdo el miedo; Recuerdo la ira; Recuerdo la conversación comprensible sobre la seguridad y escondernos.  

También recuerdo a un tipo de fuego diferente, uno no como el fuego que literalmente quemo la mayoría de este sagrado lugar de adoración.   

Cuatro mil personas se presentaron al centro de convenciones esa semana para demostrar nuestra posición. Como muchas o más familias mostraron letreros diciendo “United We Stand” o Permanecemos Unidos en las ventanas de sus casas. En aquellos primeros días, ambas acciones representaban una elección consciente para expresar exactamente lo contrario de esconderse.  

En 2013, la comunidad acuño la frase “Sacramento Proud” o Orgullosos de Sacramento. En realidad obtuvimos ese titulo 14 años antes, en los días y semanas posteriores al 18 de junio de 1999.  

Nuestra ira era real y nuestro enfoque canalizado era mucho más dominante que nuestro miedo. Nuestra insistencia en comprometernos permanentemente a abordar el odio y la intolerancia fue aun más fuerte que nuestra repulsión. Nuestro amor de uno por el otro y nuestros nuevos movimientos instintivos y reflexivos de entonces y de nunca permitir que las víctimas del odio se queden solas ha sido el sello distintivo de las relaciones comunitarias de Sacramento desde entonces.  

Todos somos judíos, nuestra comunidad no judía nos lo dijo hace 20 años y muchas veces desde entonces. Todos somos LGBT lo dijimos entonces y muchas veces desde entonces. Todos somos musulmanes, hemos gritado cada vez cuando los hijos de Abraham han sufrido las indignidades de la sospecha y el odio absoluto. Lo mismo para nuestros amigos Sikh, nuestras familias inmigrantes trabajadoras y nuestras comunidades afroamericanas.  

Hemos dicho y actuado de manera consistente en los 20 años desde el 18 de junio de 1999 que lo que le haces a uno de nosotros, lo haces a todos nosotros. Es nuestra ética de Sacramento. Es un gran fuente de comodidad. Estoy seguro de que nunca cambiará.  

Sin embargo, es justo preguntarse si nuestro progreso a lo largo de 20 años ha avanzado en lo que respecta a nuestras intenciones. La respuesta es, por supuesto, ambigua y discutible. Nadie es tan ingenuo como para creer que una gran epifanía ha eliminado las enfermedades que todavía impregna nuestra cultura y en nuestro país. La enfermedad más antigua, el antisemitismo, está en aumento nuevamente.  

Las epifanías generalmente no arreglan lo que está mal. El cambio ocurre cuando las personas ordinarias y comprometidas trabajan arduamente y se organizan año tras año década tras década , y eventualmente, doblan leyes, costumbres y resultados rígidos que discriminan y dividen.  

No todo está bien, pero es importante preguntar esta noche: ¿Qué derechos o avances damos por sentado que no teníamos hace 20 años?  

El mismo verano en que Winfield y Gary murieron porque se amaban, mi primera legislatura aprobó por poco lo que, en retrospectiva, es difícil de creer que fue un proyecto de ley muy controvertido que otorga a las parejas domésticas el derecho a visitar a sus seres queridos que están muriendo y enfermos en el Hospital. El debate fue vitriólico y el proyecto de ley fue aprobado con pocos votos de sobra.  

Veinte años después, luchamos y ganamos la igualdad matrimonial constitucional. Esa fue una fantasía lejana hace dos décadas.  

Cinco años antes, este estado aprobó la iniciativa antinmigrante más dura de la nación, la Proposición 187. La semana pasada, la Legislatura aprobó fácilmente la mayor expansión de la atención medica para Dreamers y inmigrantes indocumentados que trabajan duro en la nación.  

Tres años antes de los bombardeos, Rodney King fue golpeado sin piedad y dijo simplemente: “ ¿No podemos llevarnos bien?”. Este mes, las fuerzas de policía y la ACLU se unieron por primera vez y acordaron cambiar una política de uso de la fuerza de un siglo de antigüedad que había hecho que demasiadas personas de color temieran por sus vidas.  

De hecho, los prejuicios y la discriminación pueden disminuir a lo largo de más de 20 años.  

La historia por desgracia no termina ahí.  

La xenofobia y los prejuicios son rampantes en América, Europa, China y otras partes de nuestro mundo. El antisemitismo violento ha vuelto a visitar las sinagogas estadounidenses en los últimos nueve meses. El número de incidentes antisemitas ha aumentado dramáticamente aquí y en el extranjero.  

¿Dónde está la protesta? ¿Dónde está la campaña mundial? ¿Está el mundo moderno tan centrado en que está de moda hoy en día que realmente no nos importa aprender las lecciones de vida o muerte de ayer?  

Me preguntaba. Luego leí sobre el club de futbol Chelsea. 

En enero de 2018, el club de futbol Chelsea lanzó una campaña de “Diga no al antisemitismo” para educar a su personal, jugadores y aficionados en los horrores del Holocausto.  

Lo hicieron para combatir el antisemitismo casual e ignorante que se encuentra en los aplausos y burlas en sus juegos contra rivales con grandes actuaciones judías. Aclamaciones como “Los Spurs están en camino a Auschwitz” o silbidos destinados a imitar el sonido de las cámaras de gas utilizadas por los nazis aparentemente habían sido una forma común y aceptada de arraigar a su equipo.  

Las palabras importan, especialmente cuando un tercio de los europeos dicen que saben poco o nada sobre el holocausto. Las palabras importan cuando uno de cada cinco jovenes estadounidenses dicen que nunca han oído del holocausto.  

El club de Chelsea dice no más. Está liderando una campaña multimedia, de persona a persona y basada en la escuela para erradicar el antisemitismo. La campaña es dirigida en parte por sus jugadores. Incluye visitas intensivas al sitio con líderes de equipo y aficionados a los campos de concentración. La campaña ya ha tocado a miles de personas.  

Estos atletaa son modelos a seguir en todo el Reino Unido.  

Un observador dijo: “Que los atletas que son tan influyentes se pongan de pie y luchen por la decencia y la justicia, y tomen posiciones y digan ‘no’ a este flagelo del antisemitismo, una enfermedad humana, y que los atletas digan que eso es inaceptable, eso es un cambio de juego”. 

Leí sobre esto en un blog de CNN. Fue una excepción excepcional y una buena noticia a todos los otros números sombríos.  

No tiene por que serlo. Imagínese si la campaña del Chelsea fuera algo más que de solo una vez. Imagínese en los próximos 20 años si su campaña para erradicar el antisemitismo y otros prejuicios enfermos se volviera viral a través de nuestras comunidades de deportes, entretenimiento, industria, trabajo y fe.  

Comprensiblemente aborrecemos los mensajes de odio que propagan el internet. Imagínese liberar el poder de la tecnología y las redes sociales para difundir el mensaje de Chelsea en todo el mundo.  

Es nuestra decisión 

Hace veinte años tomamos la decisión de reconstruir, construir un centro de unidad, sanar y luchar por un Sacramento donde todos sean vistos y todos sean escuchados.  

Es nuestra elección otra vez. ¿Por qué los próximos veinte años no pueden convertirse en las décadas que cambian fundamentalmente la ecuación del odio?  

¿Por qué no aquí? ¿Por qué no nosotros? La historia no tiene por que ser escrita para nosotros. Juntos, hemos escrito una mejor historia en las últimas dos décadas. Debemos hacerlo de nuevo. 

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